Te he buscado con locura por calles y avenidas, en el metro, el autobús y por los parques. He viajado a otros continentes, volado en aviones, andado en trenes y navegado en barcos esperando encontrarte, pero la búsqueda ha sido estéril.
Por las noches cuando abrazo con frenesí la almohada y me descubro oliéndote quisiera que de mi garganta seca pudiera gritar tu nombre, -tu nombre que desconozco-, rodear tu cintura con mis brazos y susurrarte al oído justo lo que quieres escuchar.
Me has quitado parte de mi vida, tengo nostalgia de lo que no he vivido y sigo adelante con lo que me queda, buscándote siempre buscándote. Cuando el insomnio aumenta me hundo entre mis sabanas y mi corazón se agita, justo en ese momento, es cuando te envío tres palabras que al juntarse suenan tremendamente exquisitas: chinga tu madre.