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viernes, 16 de mayo de 2008

¡Sí, los hombres amamos a las cabronas!

Dice José José que amar y querer no es igual, que amar es sufrir y querer es gozar. Yo te gozo pero… ¿te quiero? Cuando manejando empiezas con tus cánticos de reclamos para después enlistar todos mis “defectos” que tanto te molestan, como el que me guste escribir, tener amigos y paradójicamente estar solo, no levantar la tapa del baño, o dejar tirada la ropa por todas partes, en vez de empujarte la cara y embarrar los sesos en el cristal, me detengo, te doy un beso en la mejilla, pongo mi cabeza en tu hombro y continuo escuchando la letanía que sale de tus labios. Al terminar extiendes un brazo y lo pasas por mi cuello, siento el olor de tu piel y pienso ¡qué gran cabrona! y respiro profundamente.